
Amdues poetesses formen part del col·lectiu de poetes i articulistes www.versos.cat , editat per Daniel Ruiz-Trillo.
Tant Sílvia Bel com Roser s'enfilaren dalt l'escala per recitar els seus versos i després es va unir a la rècita Sònia Serrabao.
La imaginación es una fuente constante de disuasiones que se mueven como las olas del mar por la mente, la matriz de nuestras ideas. Yemayá, madre de todos los hijos en la tierra y diosa orisha de la fecundidad, nos baña de sales minerales los pensamientos. Si escuchamos con atención el ondeo de sus caderas, aprenderemos a verlo todo a vista de pájaro, a expandirnos y a recogernos sin dejar de volar como ángulos concéntricos que siempre llegan al mismo punto, llámese mundo, vida o literatura.
Tengo la garganta rota de tanto designio y tan poca sustancia.
No es promiscuidad esta enmienda. No existe tal enmienda.
Sí una remota ventana con soles abiertos de par en par que
reflejan mujeres aladas: unas tienen carmín en el pico otras migajas de nicotina en las
[plumas.
Muchas sujetan un bolso repleto de olvidos sin sepultar: recuerdos del olvido.
Alguna se entretiene desplegando las alas atrayendo a dulces risotadas
marineros extraviados náufragos de un bajel llamado amor.
El resto no miran ni vuelan pero tampoco las ninguneas.
Luego las ninfas
y tu iris dilatado como el de un argonauta en el manantial de Ochún: bellas embrujadoras
sostienen copas de cáliz de polen
de embriaguez que tú tragas y ese mismo iris
se dilata hasta el punto de imaginarlas desprovistas de atavíos
en cualquier alcoba tan tenue como sus corazones
tan vacía como la nereida que arrastras
tan triste como la nereida que escogiste aunque te cueste reconocer el significado
[del verbo.
junto a la nereida que creíste tuya y siempre preferiste compartir.
El abismo se cruzó en tu camino, argonauta, te perdiste entre canto de sirena
y piel de ninfa
te dejaste llevar por el deseo propio de occidente y te cegaste
hasta no ver que tu nereida
era dríade. Y moraba en los bosques
amarrada al árbol que le daba la vida
llámese madre hombre o literatura
llámese incapacidad de subsistir uno mismo sin depender de nada ni de nadie.
Todas ninfas a merced de tus antojos sin centauros ni minotauros.
Ruiseñores al son de tus canciones
de tus notas
del sello que te identifica con el que te identificas
aunque sea el motivo de tu insomnio -del mío-
y el único motivo por el que existes.
Todo lo demás es secundario. Solo tú y tu harén inseminado.
Solo tú y el océano con el que deambulas y con el que decides quedarte
océano abismalmente distinto al árbol de la dríade que creíste nereida
que creíste tuya y de todas.
Todas las ninfas imaginadas y por imaginar
deslizando sus párpados
aleteando
rozando con sus escamas tu cuerpo erizado
susurrando con sus lenguas de sirena
con sus alas de sirena
con sus colas de sirena
y sus caracolas.
Con sus picos de ruiseñor.
La dríade amarrada al árbol tiene la garganta rota
y el olvido naufraga en la copa de lágrimas que sostiene.